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Los principales errores que cometen las startups desde su nacimiento hasta su consolidación

Nadie dijo que emprender iba a ser fácil. Que se lo digan a Steve Jobs o Bill Gates, que en sus inicios sufrieron varias pérdidas económicas. El caso es que cometer errores es común, aún más, en los profesionales que emprenden por primera vez. Joan Albà, Corporate Relations & Mentoring & Partner de Oryon Universal, destaca los principales errores:

Pensar solo en la idea y olvidarse del resto

Es común apostar por un producto y creer que es tan bueno que rápidamente se expenderá en los mercados y crecerá a una velocidad vertiginosa, por arte de magia. No obstante, en la mayoría de casos se trata de una solución de poco valor para resolver un problema. Es más, sin una ventaja competitiva para desplazar la competencia.

Para el experto de Oryon Universal tendría que empezarse a la inversa, es decir, “analizar el mercado, ver los problemas, las soluciones y si es necesario que aparezca el producto”. Y es que la idea no lo es todo. Es necesario que el mercado lo adquiera, conseguir tracción y a la vez diferenciarse de la competencia.

Diseñar un equipo con compañeros de la universidad o amigos

¿Cuántas veces hemos oído historias de startups y empresas que han empezado en un bar? ¿Y las de un grupo de amigos de la universidad que se ha unido para diseñar un producto disruptivo? Es muy importante que el equipo de una startup esté formado por perfiles distintos y que a la vez  puedan complementarse.

Por ejemplo, que un grupo de ingenieros diseñe un prototipo rompedor en el mercado parece una idea muy acertada, pero es esencial que haya un miembro del equipo con dotes comerciales, financieros o de marketing. Asimismo, otro punto que cabe destacar, son los roles de cada trabajador y la dedicación que asuman en ello. Es trascendental dejarlo definido en el pacto de socios, ya que en un futuro puede suponer un motivo de tensiones en el seno del equipo.

Preocuparse solo por un producto excelente

Un error que se comete a menudo es apostar por un producto hasta el último detalle, para conseguir la excelencia. Esto comporta un gasto elevado y que todas las prioridades del equipo estén enfocadas en él. “En primer lugar es mejor hacer un producto viable mínimo, conocido con las siglas MVP y posteriormente evolucionar”, constata Albà. A lo que añade “así como tener presente el fail quick and fail cheap e ir mejorando con el tiempo”.

Esperar una ronda de financiación elevada

Ser ambicioso está muy bien, pero siempre siendo realistas. Uno de los errores más comunes es aspirar a una sola ronda de financiación elevada para tu proyecto. Será difícil encontrar inversor y quizás tiendas a valorar tu compañía muy por encima de su valor real. Es mejor hacer rondas pequeñas (invertir menos), por ejemplo 300.000 euros y traccionar muy bien. Las inversiones ya llegarán.

Considerar que las cláusulas de protección de un inversor son agresivas

Una inversión siempre comporta riesgo, tanto para el emprendedor como para el inversor. Debemos tener en cuenta que es normal que existan estas cláusulas, para que el inversor se proteja con mayorías calificadas para tomar decisiones. Es necesario el feedback constante y a la vez no gastar dinero en aspectos que no son prioritarios, especialmente después de una elevada ronda de inversión.

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